OBJETIVO 2: PONER FIN AL HAMBRE, LOGRAR LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LA MEJORA DE LA NUTRICIÓN Y PROMOVER LA AGRICULTURA SOSTENIBLE
Una alimentación adecuada es un derecho fundamental y constituye la base para la supervivencia, el crecimiento saludable y el desarrollo integral de las niñas, niños y adolescentes. Un consumo óptimo de nutrientes durante las etapas clave del ciclo de vida —en especial la primera infancia y la adolescencia— permite no solo alcanzar el potencial físico y cognitivo, sino también fortalecer la resiliencia frente a enfermedades, crisis sociales, económicas y ambientales, y potenciar la participación activa en sus comunidades.
La malnutrición en este grupo poblacional se manifiesta de diversas maneras: desnutrición aguda y crónica, anemia, falta de micronutrientes, sobrepeso y obesidad. Estas situaciones tienen efectos variados dependiendo del sexo, la edad, la región, las condiciones socioeconómicas y de salud. La desnutrición crónica y la anemia en los primeros años de vida impactan el desarrollo neurológico, las funciones del sistema inmunológico y las habilidades de aprendizaje. En contraste, el aumento del sobrepeso y la obesidad en la infancia incrementa el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles desde una edad temprana, como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares, lo que pone en riesgo la salud futura y la calidad de vida.
Desde un enfoque de derechos y de equidad, es fundamental fortalecer las políticas públicas de seguridad alimentaria y nutricional dirigidas a las niñas, niños y adolescentes, articuladas con servicios de salud, protección social, educación y acceso a agua segura. Asimismo, se requiere monitorear el estado nutricional infantil mediante indicadores desagregados y enfoques interseccionales, que permitan orientar intervenciones eficaces y culturalmente pertinentes, y garantizar el cumplimiento del derecho a una vida saludable desde la infancia.